VAMOS A NECESITAR QUE VAYAS A HONDURAS – Concha Juárez nos cuenta su experiencia en Escuela del Vidrio

“Vamos a necesitar que vayas a Honduras” me indicó la directora de la Fundación Centro Nacional del Vidrio en octubre del 2009, “¿y eso?”, respondí yo sorprendida mientras mentalmente10353578_1607281386157722_3154002342322171849_n empezaba a intentar resolver el puzzle geográfico de Belize, Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua… “Para colaborar en un proyecto de Escuela del Vidrio en el que se nos ha solicitado apoyo” indicó la directora, “¿Y en qué zona está?” pregunté toda intrigada pues no conocía absolutamente nada del país, “En El Progreso, cerca de San Pedro Sula” me indicó.

Mi nombre es Mª Concepción Juárez Valero, Concha como me llaman los alumnos, y así comenzó mi colaboración con La Escuela del Vidrio de Honduras, Proyecto Social por la Educación de Jóvenes de Escasos Recursos ubicado en El Porvenir del Norte, más conocido por Camalote, en El Progreso en el departamento de Yoro en Honduras.

El primer viaje a Honduras, como todos, lo realicé en la red. Mis ojos inexpertos sumaban datos, a toda velocidad, de las noticias destacadas que iba encontrando… problemas políticos, delincuencia, narcotráfico, crímenes, más crímenes, maras, falta de recursos, desigualdad social, índices de pobreza, abandono escolar… cultura maya y Copán Ruinas. Vaya mezcla, increíble pensé, quién en su sano juicio puede decidir ir a Honduras según está en estos días, pero claro, si no tuviera esta situación no necesitaría apoyo.

En noviembre de 2009, después de las pertinentes reuniones con la fundación promotora del proyecto, la Fundación Nacar, en la Fundación Centro Nacional del Vidrio de La Granja, me aventuré como docente a viajar a Honduras. Después de innumerables horas de viaje, con escala en Miami, sentí ese inconfundible olor a caña de azúcar quemada y humedad que te da la bienvenida, junto al golpe de calor, nada más poner un pie en el aeropuerto internacional de San Pedro Sula. Bueno, en realidad, ahora en el año 2015 puedo distinguir los olores y pensar, sin que nadie se ofenda, que ya estoy en mi segunda casa, porque al principio ese olor te sorprende y el calor te tumba pero no distingues nada de nada.

verde hondurasEn el primer viaje comenzó mi aprendizaje de la cultura hondureña conociendo a los protagonistas de todo el alumnado de la Escuela del Vidrio y sus comunidades, Arena Blanca y Buenos Aires, en donde inicialmente arrancó el proyecto. Mencionar que según me desplazaba de una aldea a otra sólo veía una exuberante naturaleza, todo verde, pero verde, verde… hasta el punto de que los ojos desenfocan, paran y vuelven a enfocar para poder distinguir. Pero qué parajes más increíbles encontré y qué buena gente, y qué alumnos tan jóvenes con qué experiencias tan duras de vida pero con cuántas ganas de aprender y aprovechar la oportunidad brindada. Simplemente ocurrió, en cuanto se sumó educación y alumnado dispuesto a aprender con una fundación que apoya incondicionalmente a la Escuela-desde el primer día en el que Rafael Fernández- Maquieira soñó con la posibilidad de esta y tuvo la certeza de ir uniendo a su idea inicial el gran equipo de organizaciones y fundaciones que, año tras año, se han ido involucrando en el proyecto- ocurrió que la Escuela del Vidrio pasó de ser un sueño a una realidad ubicada en Camalote.

En cuanto a mi experiencia laboral y personal en Honduras me gustaría mencionar que en el plano laboral comencé colaborando como docente y con el paso del tiempo se me confió la labor de ser el responsable Académico de la Fundación Centro Nacional del Vidrio en la Escuela del Vidrio de Honduras, labor que me facilitó y me facilita un continuo aprendizaje con especialistas en educación y en diferentes disciplinas que me ha llevado a dirigir mi doctorado a través de un Master Euro-Latinoamericano en Educación Intercultural. En cuanto al plano personal, en el transcurso de todos estos años durante el desempeño de mi trabajo en terreno, apoyada por las diferentes direcciones de la FCNV, destacar que mi concepción del mundo se ha ampliado, he logrado librarme de esa visión eurocéntrica con la que venimos de fábrica y he aprendido a observar para comprender sin juzgar. Cierto es que he tenido momentos duros en los que me he enfrentado a la tan nombrada deshumanización que afecta al mundo actual, pero sin caer en dramatismos. También he aprendido a que sólo se puede luchar contra ella con doble dosis de humanidad y sumando tu esfuerzo personal al de muchos otros, para educar con el fin de abrir mentes para que todo el alumnado que se beneficia de los proyectos educativos tomen el relevo, con libertad, revirtiendo el conocimiento adquirido en las comunidades que habitan.

Difícil transcribir, como podéis intuir, todo el cruce de emociones que supuso en junio de 2015 asistir a la inauguración de las nuevas instalaciones de la Escuela del Vidrio en Camalote y hacer entrega de los primeros certificados, avalados por la Fundación Centro Nacional del Vidrio, a los alumnos egresados de la primera promoción de los Estudios Técnicos del Vidrio. Todos los colaboradores corríamos de un lugar a otro para atender visitas, familiares y eventos programados… con esa grata sensación de estar aportando y apoyando a una gran labor. Dicho esto, os invito a que dejéis de intuir y que os aventuréis a colaborar, de las mil formas que se os puede ofrecer, porque este gran proyecto necesita alcanzar la viabilidad de hacerse sostenible, dirigido por los grandes especialistas locales con los que colaboramos en Honduras. Me tenéis a vuestra disposición para hablaros de mi experiencia en terreno y veréis que siempre empiezo del mismo modo a hablar de Honduras, es verde, exuberantemente verde.

 

Concha Juárez

Fundación Centro Nacional del Vidrio

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